El hombre sentado en una de las bancas del solitario parque llevaba el cabello grasiento, tan largo que se lo ataba en una coleta baja. Una de sus ojeras más hundidas que la otra y con un color mucho más marcado alrededor. Rasguños algo profundos en la mejilla derecha y moretones en la mandíbula y la nariz.
Los pulmones de Ariana se vaciaron al ver a esa persona. A su padre. Golpeado, desprotegido y con ropa que ni siquiera era de su talla.
—Papá —lo llamó en un hilo de voz al estar a unos paso