Mientras tecleaba en la computadora, recordó la primera vez que se encontró con “ella”. Enrique tenía claras instrucciones de filtrar a las mujeres que destacaran de todas las demás, ya fuera por un buen físico, un rostro hermoso o el factor “virgen”.
Ella debía pasar sí o sí por su oficina. Mierd*, de verdad que le hubiera tomado menos de cinco minutos de entrevista antes de desvirgarla en ese mismo escritorio. Por ningún motivo la iba a exponer a los ancianos, y eso era meramente celos y pos