Cuando Frida le puso rostro a la víbora que se le metió en los ojos a su hijo, le vinieron recuerdos perturbadores del pasado.
Al menos esa tal Ariana daba la impresión de ser una mosca muerta, totalmente distinta de Elisa, una chusma, gata salvaje y rabiosa…
—No tengo por qué hacerle caso. Hace mucho que dejé de trabajar para ustedes, señora. Así que vaya a joder a otro lado. —Elisa se había plantado cara a cara ante su futura suegra; no le importó la expresión de asco y desconcierto en el ros