Con el trasero sobre el frío retrete, Ariana dejó fluir todos esos sentimientos que se había esforzado por reprimir: tristeza, amargura y rabia.
Esa noche, al ir a la habitación de su hermana para desearle las buenas noches, la niña ni siquiera le sostuvo la mirada.
«Ahora la mala soy yo», se dijo con ironía y dolor.
La opresión en su vientre se acrecentó. Sintió que algo salió de sí: sangre menstrual y algo más.
Se limpió con un pedazo de papel y, acto seguido, se metió a la ducha. Sus lágrima