Aunque el aroma de aquel hombre —una mezcla de madera fresca— inundaba sus fosas nasales, el recuerdo de Alana irrumpió en la mente de Ariana. De repente, se apartó de Axel con un movimiento brusco.
Con urgencia, su mirada buscó la de su hermanita. La pequeña, sentada en silencio, con los ojos aún hinchados por el llanto, pero ahora su expresión reflejaba más curiosidad que miedo.
Las manos de la niña, que antes temblaban sin control, yacían quietas sobre su regazo.
Sin embargo, lo que más l