La piel pálida de la mujer combinaba a la perfección con la mesa de mármol. Tomó un sorbo de té y sus ojos verdes examinaron el rostro desencajado de su marido.
—¿De verdad te pondrás de su lado? Tu hijo no tiene límites —recriminó Giovanni y pasó su mano por su cabellera azabache. Sus pensamientos eran un remolino que iba desde la furia hasta la preocupación. ¿En qué momento se convirtió en ese horrible padre que crió a un demente?
—Eras el primero en oponerte a esa unión. Alégrate, Axel ya n