Narrado por Adrián
Hacienda La Aurora, Santiago de los Caballeros — 07:03 a.m., tres días después de la llegada de Máximo y Cataleya
El gallo de la granja cantó fuerte, despertándome con el sol filtrándose por las cortinas de lino crudo. Isabela dormía a mi lado, el cabello negro desparramado sobre la almohada de plumas, la piel dorada por el sol caribeño, la respiración suave. La besé en la frente y murmuró un “cinco minutos más” con esa voz ronca matutina que me volvía loco.
Me levanté sigilo