El salón del gran baile estaba listo y el emperador estaba desesperado en búsqueda de su madre.
—¿La has encontrado?
Le pregunta al mayordomo con esperanza.
—No señor, lo último que se sabe de la señora es que salió desde ayer oculta en una capucha.
—Maldita sea.
Murmura este frunciendo el ceño enojado.
—¿Los invitados?
—Todos están llegando… La gran mayoría se están preguntando por qué la puerta aún permanece cerrada.
Explica el mayordomo y el emperador golpea el escritorio furioso.
—