ADELAIDA:
La emoción invade cada fibra de mi ser y sin darme cuenta las lágrimas ruedan por mis mejillas.
—Mi pequeña… Eres toda una mujer…
Susurra ella acercándose a mí y yo camino hacia la mujer que me dió la vida y la envuelvo en mis brazos.
—Mama… Eres tú.
Susurro con la voz quebrada y ella me abraza haciendo que sienta su amor incondicional.
—Mi niña… No sabes cuánto me alegra poder volver a verte mi amor.
Sus brazos hacen que me separe para ella observarme sin dejar de llorar de fe