ADELAIDA:
La mirada de Raizel se detiene en mi mejilla y yo lo miro haciendo ojitos.
—Beatriz me golpeó… Y mira lo que les hizo a mis delicadas muñecas… Creo que se merece un castigo de parte ¿Verdad?
Le muestro mis muñecas que están rojas debido a las ataduras y Raizel gruñe fuertemente mientras me sostiene con fuerza de la cintura.
—Por supuesto que todo aquel que se atreve a poner sus sucias manos encima de de tí merece un castigo.
Dice y yo sonrío mirando a Beatríz de reojo.
Permito q