Clarissa pensó que hacía un rato estaba por cocinar, pero solo bastaron unas cuantas palabras para que terminaran besándose. No sabía que el ánimo de Giovanni podía cambiar tan rápido.
Apoyó la cabeza en su cuello, y le reclamó, aunque con cariño.
—Ya no tengo fuerzas para cocinar.
—Entonces cocino yo —respondió Giovanni, sonriendo. Aprovechó para mostrar su afecto.
La acomodó otra vez en el sillón. El aire seguía encendido, así que, por si sentía algo de frío, le cubrió las piernas con una mant