El pecho de Giovanni ardía, con una sensación que no se iba a apagar tan fácil.
Esa sensación se la había provocado la mujer frente a él.
—Clarissa, ¿quién te enseñó todo esto? —preguntó, casi sin poder creer lo que veía.
Giovanni no podía creer que Clarissa hubiera llegado tan lejos. Una persona que se sonrojaba solo por darle la mano ahora estaba tan metida en todo esto, incluso preocupada de que él se fuera.
Clarissa tenía las mejillas un poco rojas.
—Habla de una vez —dijo Giovanni, tocando