Apenas entró en la oficina y escuchó lo que Salvatore había dicho, Maxence sintió que se le nublaba la vista. En ese instante, lo miró como si acabara de descubrir un bicho raro. ¿En realidad había dicho eso?
Al ver que el ambiente en la oficina se volvía cada vez más extraño, Maxence no dudó. Se lanzó dentro y, con más fuerza de la necesaria, arrastró a su compañero fuera del despacho.
Salvatore, sin entender nada, se lo quedó viendo y preguntó:
—¿Qué te pasa ahora?
—¿¡Tú sabes lo que acabas de