MELISA
Estoy de pie frente al armario, con al menos cuatro vestidos colgando de la puerta. Me debato entre el negro, seguro y peligroso, o el rojo, que grita demasiado. No es solo una cena, es una estrategia. Quiero impresionarlo, quiero desarmarlo. Quiero que el "monstruo" que prometió esperarme no pueda quitarme los ojos de encima.
Tal vez quiero meterme tan dentro de su mente que no pueda dejar de pensar en mí ni por un segundo, ni siquiera cuando esté planeando su guerra contra quien sea qu