MELISA
El aire en el gimnasio se siente extrañamente pesado, denso, cargado de una tensión que nunca antes había percibido. Estar encerrada con Kostas en un mismo sitio, y él sin camisa, no es una situación normal para mí, o al menos, no una que mi cuerpo sepa cómo manejar. Mis ojos, a pesar de mi intento por mantener la profesionalidad, no pueden evitar desviarse hacia la pequeña mancha de sangre que se asoma en su costado.
Él se recuesta en una de las bancas para hacer pecho, y yo, en un acto