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El trueno fue como un estallido, despertándome asustada. Automáticamente, su brazo en torno a mis hombros me presionó apenas contra su costado, como para mostrarme que estaba protegida. Sus ojos seguían cerrados, y a juzgar por su respiración, seguía dormido.

Solté un suspiro entrecortado, desnuda como él bajo las sábanas, y descansé la mejilla en su pecho, adivinándolo más que viéndolo en las sombras del dormitorio. Su cuerpo perfecto, fuerte, sano. Sus facciones agradables y firmes al mismo t
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