—¿En verdad no recuerdas nada de aquella noche?
Cerré el horno y me volví hacia él ceñuda.
Había llegado a la casa de huéspedes cinco minutos después que le escribiera, con todo lo necesario para preparar trucha al roquefort, como si la cena fuera tan importante en ese momento. Ahora picaba aderezos para la salsa en la mesada de la cocina como si fuera un chef.
—Repetir la pregunta no va a cambiar la respuesta —repliqué, apartándome de él para poner la mesa. Mantenerme ocupada parecía una buena