Quizás lo provoque de más, aún no conozco del todo cuál es ese límite que puede soportar la muerte cuando desea a una mujer.
Solo se que lo sobrepase, un solo movimiento bastó para hacer que ese hombre se vuelva a abalanzar contra mí. Esas manos pasaron de dejar masajes en mi espalda a acariciar cada curvatura de mi cuerpo con atrevimiento, un grito de todo el deseo que estaba conteniendo.
El típico deseo que se siente cuando quieres devorar un platillo del cual traes muchas ganas de probar,