—Vaya, quedaron preciosos. —Mis más sinceras felicitaciones fueron dirigidas a los diez soldados y a la mujer que me acompañó en la cocina, por un momento llegué a pensar que nos midieron el tiempo, ya que avisaron que terminaron justo cuando salí del baño junto a Moros para vestirme.
—Quiero uno. —Pidió el albino a un lado de mi, sosteniendo de mi cintura para que no caiga.
Y agradezco por ello, mis piernas aún no recuperan las fuerzas necesarias para caminar por ellas mismas.
—Está caliente,