—Fue un gusto trabajar para ustedes. —La diosa de los partos se despidió de ambos, en manos aún permanece esa esfera en donde se refleja la imagen de mi pequeña princesa, descansando en la comodidad de mi vientre.
—Te agradecemos tu arduo trabajo. —Se despidió Moros, quien me ayudó a levantarme del sillón. —Nosotros iremos al castillo, Sedna debe estar ocupada como para atendernos.
Di un breve asentimiento, solo dejándome llevar por ese hombre.
Como una ilusa, pensé que el recorrido al mundo d