Los tacones filosos de esa mujer resonaron por toda la cocina, no logro reconocer quien es y no creo ser capaz de hacerlo cuando solo veo sus pies acercarse poco a poco hacia la mesa.
Trate de contener la respiración, nerviosa de que pueda escucharme y hacerme algo, la posibilidad de que sea la diosa de las profundidades es nula, su batalla allá fuera la amerita en toda su gloria, no se puede permitir estar aquí para una simple humana.
—Tu… maldita desgraciada. —Sin lograr contener toda su furi