Recordar el desprecio en la mirada de Rayn el día de nuestra propia boda fue un golpe que llegó directo a mi corazón. No por su desprecio, si no por mí ilusión al pensar que junto a este hombre estaría bien.
Mucha razón tenía al no desear soltar el brazo de papá cuando llegue al altar.
Y debí sospechar aún más que este hombre no era para mí cuando en medio de nuestra propia celebración, desapareció con tal de no estar junto a mí.
Lo único de lo que no soy conocedora es de esa sucia acusación de