Conociendo a sus padres, Martiniano sabía que debía esperar lo inesperado, pero nada podría haberle preparado para la pregunta que le hizo su madre. Lo dejó indefenso y demasiado incómodo para formular una respuesta.
—Nosotros... nosotros—, se interrumpió Martiniano, sin saber qué más decir.
Rachel y John se echaron a reír tan fuerte que tuvieron que agarrarse el uno al otro para sostenerse.
—John, cariño, ¿has visto la cara de Martiniano?—, dijo ella sin aliento, con la voz temblorosa