Martiniano se quedó con la boca abierta, mirando a las figuras de pie que estaban delante de él.
—¿Vas a hacer que nos quedemos aquí de pie hasta que nos cedan las piernas?—, exclamó burlonamente la mujer, ganándose una sonrisa de Martiniano.
—Hola mamá. Papá—, saludó Martiniano, acercándose a su madre para darle un abrazo.
—Mmm, cuánto tiempo—, exclamó su madre Rachel, cerrando los ojos para deleitarse con el confort del abrazo.
—Demasiado tiempo—, dijo Martiniano, separán