Amanda seguía sin cerrar la boca. Todavía tenía la tableta entre las manos, apretada como si fuera un escudo mientras intentaba procesar todo lo que acababa de escuchar.
Ciro se acomodó mejor en la silla, disfrutando descaradamente de su desconcierto, como si esa reacción fuera lo más entretenido que le había pasado en semanas.
—Dios… —murmuró Amanda, llevándose una mano a la frente—. ¿De verdad eres… hermano de Eric?
—Hermano menor —confirmó él, estirándose en la silla como si estuviera en su