A las diez de la mañana la inmobiliaria estaba en su rutina habitual: teléfonos sonando, teclas golpeando, murmullos de clientes y agentes revisando carpetas.
Todo era normal… hasta que la puerta se abrió y entró un hombre al que nadie esperaba ver en un lugar tan pequeño.
La conversación se detuvo por unos segundos.
Varias mujeres se incorporaron de inmediato, como si hubieran visto algo imposible. Los hombres se miraron entre sí, confundidos pero atentos.
El recién llegado avanzó con paso seg