Eric se quedó frente a la puerta del baño, con el corazón latiendo fuerte en el pecho. Acababa de ver a Amanda entrar corriendo, pálida como un fantasma, y ahora el sonido de arcadas venía del otro lado.
Golpeó la puerta con el puño, firme, sin esperar.
—Amanda —dijo, con voz clara.
No hubo respuesta. Golpeó de nuevo, más fuerte esta vez.
—Amanda, ábreme.
Silencio. El agua del grifo corría, pero nada más. Eric sintió un nudo en el estómago. Golpeó con más fuerza, haciendo que la puerta vibrara u