La sala de reuniones estaba en completo silencio. Nadie se movía. Los abogados, sentados alrededor de la mesa larga, miraban la escena con tensión, como si esperaran que algo explotara en cualquier momento.
Amanda soltó la mano de Eric de golpe, sintiendo un calor residual en la palma. Pero ya era tarde: todos habían visto ese gesto de cercanía, como si fueran una pareja de verdad. Eric, sin dudar, volvió a tomar su mano con naturalidad, entrelazando los dedos de nuevo. Ella no protestó esta vez