Ella se alejó rápidamente de él, intentaba recomponerse, las manos el temblaban y no tenía idea si era por el golpe que le propinó o por todos esos besos en el ascensor.
—¿Qué te hace pensar que quiero algo contigo? —pregunta Amanda, sin darle la cara. Él camina delante de ella, pero la mujer vuelve a darle la espalda.
—Amanda, de esa manera no podemos hablar. ¿Vas a estar evitando mi mirada todo el rato, huyendo?
—¿Huir? —ella se gira, encendida—. ¡No eres quien para hablar de huir! Esta mañana