—Amanda —la llamó, pero su voz se ahogó entre el murmullo del vestíbulo, así que aceleró el paso hasta acercarse a ella—. Menos mal que sigues aquí…
Ella levantó la vista, sorprendida por su cercanía. No tuvo tiempo de procesar sus palabras. Con el puño, impulsada por el dolor y la humillación, le soltó un golpe en la mejilla que resonó cerca lo suficiente para que la gente se girara.
La cabeza de Eric giró con el impacto. No fue un golpe ligero. Amanda puso ahí toda la rabia que llevaba acumul