Eric no esperaba que esas palabras salieran de su boca con tanta claridad.
Las sintió casi como si alguien más hablara por él, alguien que llevaba años encerrado, esperando una grieta para respirar.
Cuando dijo que quería una familia, que la quería a ella y a sus hijos, notó el temblor inmediato en Amanda. Su mano, la que segundos antes lo tocaba con descaro, cayó sobre su propio regazo como si el cuerpo no supiera qué hacer con esa confesión.
Ella lo miró con una mezcla difícil de sostener. No