Para Eric, la casa lucía demasiado silenciosa esa noche.
Entró al comedor y sintió que faltaba algo, aunque no supiera definirlo.
Tal vez era la silla vacía frente a él, tal vez el único plato sobre la mesa o la copa de vino que lo esperaba como si fuera el único habitante de su propio mundo.
Siempre había pensado que la soledad era un estado cómodo para él, pero ese silencio le cayó encima como un recordatorio inesperado de que su vida, pese a toda su riqueza, seguía estando incompleta de una