Eric llegó veinte minutos antes de la hora acordada.
No había podido quedarse quieto en el hotel ni fingir que ese almuerzo le daba igual.
El restaurante era discreto, reservado, con mesas separadas que daban cierta intimidad. Se sentó en la mesa del fondo, pidió agua sin pensarlo demasiado y miró el reloj por tercera vez en apenas dos minutos.
Aún era temprano y Tommy ya había ido a buscarla, solo era esperar. Aunque este martes tardó una eternidad.
¿Quién diría que bastaría que Amanda lo quis