El agua caía en un velo constante, caliente y envolvente, como una cortina que los aislaba del mundo exterior.
El vapor llenaba el baño, haciendo que el aire fuera denso, cargado de su respiración agitada y del aroma sutil de sus cuerpos mezclados con el gel de ducha. Eric, arrodillado frente a ella, levantó la vista con una sonrisa traviesa, los ojos brillando con deseo puro. El agua resbalaba por su cabello rubio, pegándolo a su frente, y gotas perlaban sus hombros anchos.
—Quizás podemos hace