El agua caía en un velo constante, caliente y envolvente, como una cortina que los aislaba del mundo exterior.
El vapor llenaba el baño, haciendo que el aire fuera denso, cargado de su respiración agitada y del aroma sutil de sus cuerpos mezclados con el gel de ducha. Eric, arrodillado frente a ella, levantó la vista con una sonrisa traviesa, los ojos brillando con deseo puro. El agua resbalaba por su cabello rubio, pegándolo a su frente, y gotas perlaban sus hombros anchos.
—Quizás podemos hacer algo más —dijo, la voz grave y ronca, cargada de promesa.
Amanda lo miró desde arriba, el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Sus piernas temblaban ligeramente por la anticipación, el vientre brillando bajo el chorro de agua. Él apoyó una mano en el suelo de azulejos para equilibrarse, la otra extendida hacia ella en invitación.
—Sube a mi boca —susurró él, exigente pero suave, los labios curvados en una sonrisa que prometía placer infinito.
Ella sintió un calor líquido extenderse por s