El coche avanzaba por la carretera, Amanda apoyaba la cabeza contra la ventanilla, la carta de Evan guardada de nuevo en el bolso. Eric conducía en silencio, la mandíbula tensa, el teléfono vibrando una vez más en el salpicadero antes de que lo apagara con un gesto brusco.
Sabía muy bien que su decisión de no decir la verdad en su momento podría costarle todo, sentía que había tenido miles de oportunidades para decir la verdad, pero a su vez sentía que esa verdad marcaría una distancia eterna entre él y Amanda, porque desde que la vio la primera vez no se lo dijo, no le dijo que él era Evan Cross. Y algo que le caló hasta los huesos fueron esas últimas palabras de ella, donde decía que seguía siendo la misma Amanda y que aún así Evan nunca la buscó.
Eric necesitaba un momento de calma, un respiro para ambos.
—Tenemos hambre —dijo de pronto, rompiendo el silencio con una sonrisa tentativa—. Tú y… los pequeños.
Amanda lo miró, sorprendida, y luego bajó la vista a su vientre, apenas abul