Adriel se movió con sigilo a través del jardín, algo difícil para alguien tan alto y grande como él. Elio lo observó desde su escondite sintiendo los nervios consumirlo poco a poco, su mirada se movía entre su amigo y el depósito, una y otra vez, esperando el momento adecuado para correr hacia su amada.
Adri estaba cerca del joven delincuente, agazapado a sus espaldas como un depredador a punto de atacar a su presa distraída. Aunque ahora Adri parecía un hombre amaestrado, un padre de familia y