Mundo ficciónIniciar sesiónElena se giró lentamente, con una desconfianza instintiva que había aprendido a desarrollar durante los últimos meses de convivencia forzada con Bruno.
—No creo que tengamos nada de qué hablar, Bruno —dijo, con firmeza, aunque la curiosidad la llevó a no marcharse de inmediato — Especialmente no a solas. —Por favor, Elena, solo cinco minutos —insistió Bruno, con una expresión que, para sorpresa de Elena, parecía desprovista por primera vez del sarcasmo o la manipulación calculada que normalmente caracterizaba sus interacciones — Te prometo que no es ninguna trampa ni ningún intento de sabotaje. Elena dudó un momento, observando aquella expresión inusualmente vulnerable en el rostro de Bruno, y finalmente asintió, aunque manteniendo una distancia prudente entre ambos. —Tienes cinco minutos —concedió, con firmeza — Y será mejor que sea algo importante, Bruno, porque no tengo ninguna paciencia para más juegos de tu parte. Bruno respiró hondo, como si necesitara reunir valor para pronunciar las palabras que llevaba semanas guardando. —Elena, todavía te amo —dijo finalmente, con una sinceridad que, a pesar de todo lo vivido, sonaba genuinamente desesperada —He intentado convencerme de que lo que sentía por ti fue solo una atracción pasajera, algo que se desvanecería con el tiempo, pero cada día que pasa, viéndote convertirte en la mujer segura y exitosa que eres ahora, me doy cuenta de que jamás dejé de sentir algo real por ti. Elena sintió una mezcla compleja de incredulidad y una furia contenida ante aquella declaración tan inesperada. —¿Me estás diciendo esto en serio, Bruno? —preguntó, con una risa amarga que no pudo contener —¿Después de todo lo que me hiciste? ¿Después de pedirme que abortara a nuestro hijo, después de intentar destruir mi reputación con mensajes fabricados, ahora pretendes que crea que sientes amor genuino hacia mí? —Sé que suena imposible de creer, considerando todo lo que sucedió —admitió Bruno, con una expresión de genuino arrepentimiento que, sin embargo, no lograba disipar completamente la desconfianza de Elena —Pero cometí errores terribles por miedo, Elena. Miedo a decepcionar a mi familia, miedo a perder mi posición dentro de la empresa, miedo a comprometerme genuinamente contigo cuando sentía que no estaba a la altura de lo que merecías. —Esos no son motivos suficientes para justificar la crueldad con la que me trataste, Bruno —respondió Elena, con firmeza, negándose a dejarse conmover por aquella supuesta vulnerabilidad —Y sinceramente, me cuesta muchísimo creer que ahora, viéndome exitosa dentro de la empresa de tu tío, decidas repentinamente recordar sentimientos que supuestamente llevabas meses reprimiendo. —Entiendo tu desconfianza, Elena, de verdad la entiendo —dijo Bruno, dando un paso más cerca de ella, aunque Elena retrocedió instintivamente, manteniendo la distancia —Pero necesito que sepas que, a pesar de todos mis errores, lo que sentí por ti durante esos ocho meses fue completamente real. Y ver cómo mi propio tío se acerca cada vez más a ti, cómo comparten esta cercanía que antes era exclusivamente nuestra, me resulta insoportable. —Bruno, lo que tuvimos terminó por completo el día que decidiste casarte con Camila mientras me ocultabas la verdad —dijo Elena, con una convicción absoluta —Y lo que tengo ahora con Dante, sea lo que sea exactamente, no tiene absolutamente nada que ver contigo ni con tus sentimientos tardíos de arrepentimiento. —¿Estás segura de que no sientes nada por mí todavía, Elena? —preguntó Bruno, con una intensidad que a Elena le resultó genuinamente perturbadora —Compartimos meses enteros de una conexión que se sentía real en aquel momento. ¿Realmente puedes decirme, con total honestidad, que todo eso desapareció completamente de tu corazón? Elena sintió que la indignación crecía dentro de ella ante aquella pregunta tan manipuladora. —Lo que sentí por ti, Bruno, murió por completo el día que descubrí tu traición —respondió, con una firmeza que no dejaba lugar a ninguna duda —Y honestamente, después de conocer al verdadero Dante, después de descubrir la clase de hombre íntegro y protector que él realmente es, me cuesta muchísimo recordar qué fue exactamente lo que alguna vez vi en ti. Bruno se quedó visiblemente afectado ante aquella respuesta tan directa, y por un instante, Elena creyó ver un destello de dolor genuino cruzar su expresión, aunque rápidamente fue reemplazado por algo mucho más calculador. —Entonces, ¿realmente estás enamorándote de mi tío? —preguntó, con una voz que había perdido por completo la vulnerabilidad anterior. Fue en aquel preciso instante cuando una voz profunda, cargada de una furia contenida que Elena reconocía perfectamente, interrumpió abruptamente la conversación. —Creo que ya escuchaste una respuesta suficientemente clara, Bruno. Elena se giró de golpe, encontrando a Dante de pie a pocos metros de distancia, con una expresión que combinaba una furia helada y una intensidad protectora que ella jamás le había presenciado con tanta claridad. Por la tensión visible en su postura, resultaba evidente que llevaba ya varios minutos escuchando la conversación completa. —Tío Dante, esto no es lo que parece —comenzó Bruno, visiblemente nervioso ante la presencia inesperada de su tío. —Escuché perfectamente lo que parecía, Bruno —cortó Dante, con una voz gélida que no dejaba espacio para ninguna excusa —Escuché cómo confesabas sentimientos hacia mi esposa, escuché cómo intentabas manipularla insinuando que todavía siente algo por ti, y escuché, con mucha satisfacción, la manera contundente en que ella te dejó absolutamente claro que ese capítulo de su vida está completamente cerrado. Bruno palideció visiblemente, comprendiendo la magnitud completa de la situación en la que se encontraba. —Tío, yo solo... —No quiero escuchar ninguna excusa más esta noche, Bruno —interrumpió Dante, con una autoridad que dejaba claro que aquella conversación había llegado definitivamente a su fin —Ya te advertí hace meses, el día de mi boda, exactamente cuáles serían las consecuencias si intentabas interferir de cualquier forma en mi matrimonio con Elena. Esta noche acabas de cruzar esa línea de manera absolutamente inequívoca. —¿Qué piensas hacer? —preguntó Bruno, con una voz que había perdido completamente su confianza habitual. —Por ahora, simplemente quiero que te alejes de mi esposa —respondió Dante, con una calma helada que resultaba mucho más aterradora que cualquier grito —Pero te aseguro, Bruno, que esta conversación tendrá consecuencias serias respecto a tu futuro dentro de la estructura de esta empresa. Ya hablaremos de eso mañana, en privado. Bruno se marchó finalmente, con el rostro pálido y una expresión de derrota que Elena no le había visto nunca antes, dejando a Dante y Elena nuevamente a solas, rodeados por el bullicio distante de la fiesta que continuaba desarrollándose ajena por completo a la tensión que acababan de vivir. —¿Estás bien, Elena? —preguntó Dante, con una preocupación genuina, acercándose hacia ella con una ternura que contrastaba enormemente con la furia que acababa de mostrar hacia su sobrino. —Estoy bien, Dante —respondió Elena, sintiendo una calidez profunda ante la manera en que él había defendido, sin ninguna duda, la seriedad genuina de lo que compartían —Gracias por confiar completamente en mí, sin necesidad de que yo tuviera que convencerte de nada. —Jamás dudé de ti ni por un segundo, Elena —respondió Dante, tomando su mano con una firmeza protectora —Y después de escuchar tu respuesta hacia Bruno esta noche, creo que finalmente tengo la certeza absoluta de que lo que compartimos tú y yo es real, mucho más real de lo que cualquiera de los dos se atrevió a admitir completamente hasta ahora.






