Mundo ficciónIniciar sesiónEl mundo pareció reducirse por completo a la distancia mínima que todavía separaba sus rostros. Elena sintió la respiración de Dante mezclándose con la suya, sintió el calor de su mano todavía apoyada suavemente contra su mejilla, y por un instante, todo lo demás, la música, los invitados, incluso la mirada furiosa de Bruno que había captado por el rabillo del ojo, pareció desvanecerse completamente.
—Elena —susurró Dante, con la voz cargada de una emoción que ella jamás le había escuchado con tanta claridad —llevo semanas queriendo hacer esto. —Yo también, Dante —respondió ella, sintiendo que su propia voz apenas lograba salir como un susurro, con el corazón latiéndole con una fuerza que amenazaba con escapársele del pecho. Dante se inclinó ligeramente hacia adelante, y Elena cerró los ojos instintivamente, anticipando el contacto que ambos habían estado evitando durante semanas enteras, atrapados en la tensión de una cercanía que había ido creciendo silenciosamente entre ellos desde hacía meses. —¡Tío Dante! —la voz de Bruno cortó abruptamente aquel momento con la fuerza de un balde de agua fría, obligando a ambos a separarse bruscamente, como si hubieran sido sorprendidos en pleno acto de una travesura adolescente. Elena sintió que el rubor le subía instantáneamente por las mejillas, una mezcla de vergüenza y una frustración considerable ante aquella interrupción tan inoportuna, mientras Dante se giraba hacia su sobrino con una expresión que apenas lograba disimular su propia irritación. —¿Qué necesitas, Bruno? —preguntó Dante, con un tono considerablemente más cortante del habitual, sin molestarse en ocultar su fastidio ante la interrupción. —Perdón por interrumpir un momento tan... íntimo —dijo Bruno, con un sarcasmo que no se molestaba en disimular, observando a ambos con una expresión que combinaba burla y algo mucho más oscuro y resentido —Pero pensé que deberías saber que varios de los inversionistas más importantes te están buscando para una conversación urgente sobre la expansión europea. —Podría haber esperado unos minutos más —replicó Dante, con evidente molestia. —Quizás, tío, pero considerando que estabas a punto de besar a tu esposa en medio de la pista de baile, frente a cientos de invitados, pensé que sería prudente intervenir antes de que la situación se volviera todavía más... comprometedora para la imagen pública de la empresa —respondió Bruno, con un tono que pretendía sonar razonable, aunque la intención maliciosa detrás de sus palabras resultaba innegable. Elena sintió que la indignación crecía dentro de ella ante aquella intervención tan evidentemente calculada. —Bruno, no necesitas preocuparte por la imagen pública de un matrimonio genuino entre esposos —dijo, con firmeza, decidida a no permitir que aquella interrupción arruinara completamente el momento que acababan de compartir con Dante. —Genuino —repitió Bruno, con una risa breve y amarga —Qué palabra tan interesante para describir un acuerdo que comenzó como un simple contrato de conveniencia, Elena. —Bruno, ya basta —advirtió Dante, con una voz que dejaba claro que su paciencia hacia su sobrino se agotaba rápidamente —Iré a hablar con los inversionistas, pero te sugiero que dejes de buscar pretextos para interrumpir momentos que no te conciernen en absoluto. Bruno se quedó observándolos un momento más, con una expresión que Elena reconocía perfectamente: aquella mezcla de resentimiento y posesividad retorcida que había presenciado en él en varias ocasiones anteriores, desde el día de la firma del contrato hasta la noche de la boda. —Solo cuídate, tío —dijo finalmente Bruno, con un tono que pretendía sonar preocupado, aunque las palabras que eligió resultaban innegablemente cargadas de un doble sentido malicioso —No sería la primera vez que un Moretti se enamora perdidamente de la mujer equivocada, con consecuencias bastante trágicas. Aquel comentario, con su referencia velada hacia Isabella, hizo que el rostro de Dante se endureciera visiblemente, y por un instante, Elena temió que la tensión entre ambos escalara hacia una confrontación mucho más seria en medio del salón de baile. —Retráctate de eso ahora mismo, Bruno —dijo Dante, con una voz peligrosamente baja que Elena reconocía como la advertencia más seria que jamás le había escuchado dirigir hacia su sobrino. —Solo digo la verdad, tío —respondió Bruno, aunque dio un paso atrás, visiblemente consciente de que había cruzado una línea peligrosa —De cualquier forma, los inversionistas te esperan. No querrás hacerlos esperar demasiado tiempo por... distracciones personales. Bruno se alejó finalmente, dejando tras de sí un silencio incómodo entre Elena y Dante, quienes permanecieron de pie en medio de la pista de baile, sintiendo que aquel momento de intimidad genuina que habían compartido apenas minutos antes se había visto empañado por la intervención maliciosa de Bruno. —Lo siento mucho, Elena —dijo Dante, finalmente, con una expresión de genuina frustración —Bruno parece decidido a sabotear cualquier momento de felicidad que intentemos construir juntos. —No es tu culpa, Dante —respondió Elena, aunque sintió que la magia de aquel instante compartido se había desvanecido considerablemente ante la intrusión de Bruno —Deberías ir a atender a los inversionistas. Esta noche es importante para la empresa. —Esta conversación no ha terminado, Elena —dijo Dante, tomando su mano con una firmeza que transmitía una promesa genuina —En cuanto termine con esta reunión, quiero continuar exactamente donde la interrumpieron. —Te estaré esperando —respondió Elena, con una sonrisa suave, sintiendo que a pesar de la frustración por la interrupción, la conexión genuina que habían compartido esa noche no desaparecería tan fácilmente. Sin embargo, mientras observaba a Dante alejarse hacia el grupo de inversionistas que lo esperaban, Elena no pudo evitar notar, con una inquietud creciente, la manera en que Bruno permanecía observándolos desde la distancia, con una expresión calculadora que sugería que aquella interrupción esa noche había sido apenas el primer movimiento de algo mucho más grande y peligroso que él probablemente ya estaba planeando poner en marcha. Se dirigió hacia el bar temporal instalado en un extremo del salón, necesitando un momento a solas para procesar completamente todo lo que había sucedido esa noche, cuando sintió una presencia acercándose peligrosamente cerca de ella. —Elena —la voz de Bruno sonó justo detrás de ella, con un tono que había perdido completamente el sarcasmo anterior, reemplazado por algo mucho más serio y, de alguna manera, más inquietante—. Necesito hablar contigo a solas, sobre algo que creo que deberías saber antes de que las cosas entre tú y mi tío avancen demasiado.






