Capítulo 32: La advertencia

A la mañana siguiente, Dante convocó a Bruno a su despacho principal apenas pasadas las ocho de la mañana, con una puntualidad que dejaba claro que aquella conversación no admitiría ningún tipo de demora. Elena, que había decidido concederles privacidad para aquella confrontación inevitable, permaneció en el despacho contiguo, revisando documentos de Textiles Andrade sin lograr concentrarse completamente, consciente de la gravedad de lo que estaba a punto de suceder al otro lado de la pared.

—Siéntate, Bruno —dijo Dante, con una voz que no dejaba lugar a ninguna objeción, en cuanto su sobrino cruzó la puerta del despacho.

Bruno obedeció en silencio, con una expresión que combinaba cautela y un resentimiento apenas contenido, consciente de que la conversación que estaba a punto de sostener con su tío determinaría, probablemente, gran parte de su futuro dentro de la empresa familiar.

—Anoche cruzaste una línea que jamás debiste cruzar —comenzó Dante, sin ningún preámbulo, con una frialdad que Elena, incluso desde el despacho contiguo, podía percibir claramente a través de la puerta entreabierta —Te advertí, el día de mi boda, que jamás toleraría que intentaras interferir en mi matrimonio con Elena. Anoche decidiste ignorar completamente esa advertencia.

—Tío, yo solo estaba siendo honesto sobre mis sentimientos —intentó justificarse Bruno, aunque su voz carecía de la convicción que había mostrado la noche anterior.

—Tus sentimientos dejaron de importarme el día que decidiste utilizar a Elena, mentirle durante ocho meses, y luego intentar obligarla a abortar a su propio hijo —cortó Dante, con una dureza que no admitía ninguna réplica —A partir de hoy, Bruno, quiero que entiendas con total claridad las consecuencias de continuar por este camino.

—¿Qué consecuencias exactamente? —preguntó Bruno, con una tensión evidente en su voz.

—Primero, quedas completamente removido de cualquier proyecto que involucre contacto directo con Elena, ya sea profesional o personal —declaró Dante —Segundo, reduciré significativamente tu participación en las decisiones estratégicas del consejo directivo hasta que demuestres, con hechos concretos, que puedes comportarte con la madurez que se espera de un ejecutivo de esta familia. Y tercero, si vuelvo a escuchar una sola palabra más sobre supuestos sentimientos hacia mi esposa, o cualquier intento adicional de manipularla emocionalmente, iniciaré los trámites necesarios para removerte completamente de cualquier posición dentro del Grupo Moretti.

Bruno se quedó en silencio un momento, procesando la magnitud completa de aquellas consecuencias, antes de que su expresión se endureciera con un resentimiento que ya no intentaba disimular.

—¿Vas a destruir mi futuro profesional completo por una mujer que apenas conoces desde hace unos meses? —preguntó, con una amargura evidente.

—Voy a proteger a mi esposa de un hombre que ha demostrado, repetidamente, ser incapaz de respetar los límites más básicos de decencia —respondió Dante, sin ninguna vacilación —Si eso significa limitar tu futuro profesional, Bruno, entonces asumiré esa consecuencia sin ningún remordimiento.

—Está bien, tío —dijo finalmente Bruno, levantándose de su asiento con una calma que resultaba considerablemente más inquietante que cualquier explosión de furia —Respetaré tus condiciones. No volveré a acercarme a Elena, ni mencionaré nuevamente mis sentimientos hacia ella.

—Espero sinceramente que cumplas tu palabra esta vez —dijo Dante, con un tono que dejaba claro que su confianza hacia su sobrino se había agotado prácticamente por completo.

Bruno salió del despacho sin decir una palabra más, y Elena, que había escuchado la conversación completa desde el despacho contiguo, sintió una mezcla de alivio y una inquietud persistente que no lograba disipar del todo, consciente de que la calma con la que Bruno había aceptado finalmente aquellas condiciones probablemente ocultaba algo mucho más peligroso detrás.

Sus sospechas se confirmaron apenas horas después, cuando Bruno, en lugar de dirigirse hacia su propio despacho, se encerró en su automóvil y condujo directamente hacia un restaurante discreto en las afueras de la ciudad, donde ya lo esperaba una persona con quien había estado en contacto durante las últimas semanas.

—Llegas tarde —comentó Sofía, sentada ya en una mesa apartada del restaurante, con una copa de vino frente a ella.

—Tuve una conversación bastante desagradable con mi tío —respondió Bruno, sentándose frente a ella con una expresión sombría —Me removió de cualquier proyecto relacionado con Elena, y amenazó con destruir completamente mi futuro dentro de la empresa si vuelvo a acercarme a ella.

—Vaya, parece que tu tío se ha vuelto sumamente protector con su nueva esposa —comentó Sofía, con un tono que Elena, de haber estado presente, hubiera reconocido inmediatamente como calculador —¿Y qué piensas hacer al respecto?

—Todavía no lo sé con certeza —admitió Bruno, con una expresión pensativa —Pero no pienso quedarme sentado observando cómo Elena y mi tío construyen una vida feliz juntos, mientras yo pierdo absolutamente todo lo que había construido durante años en esta familia.

—Quizás yo pueda ayudarte con eso —dijo Sofía, con una sonrisa que no llegaba del todo a sus ojos —Después de todo, Bruno, ambos compartimos un interés genuino en que las cosas entre Elena y Dante no salgan exactamente como ellos esperan.

—¿A qué te refieres exactamente? —preguntó Bruno, con una curiosidad creciente ante aquella insinuación.

—Digamos que, durante las últimas semanas, he estado recopilando información sumamente valiosa sobre ciertas irregularidades en el manejo financiero de Textiles Andrade desde que Elena tomó el control de la empresa —explicó Sofía, con una calma calculadora —Información que, si se filtra en el momento adecuado, podría generar dudas serias sobre la verdadera capacidad de Elena para manejar responsabilidades empresariales tan importantes.

Bruno la observó con una mezcla de sorpresa e interés genuino ante aquella revelación.

—¿Por qué harías esto, Sofía? —preguntó, con cierta cautela—. Pensé que Elena era tu amiga.

—Elena dejó de considerarme su amiga hace tiempo, Bruno —respondió Sofía, con una frialdad que revelaba, finalmente, la verdadera naturaleza de sus intenciones — Y francamente, después de perder mi posición dentro de la empresa gracias al escándalo que ella misma provocó con su aparición en tu boda, creo que es momento de que Elena comience a experimentar algunas de las consecuencias que ella misma desencadenó para el resto de nosotros.

—¿Qué exactamente tienes en mente? —preguntó Bruno, sintiendo que una posibilidad completamente nueva comenzaba a formarse en su mente, una estrategia que, quizás, podría finalmente devolverle el control que sentía que había perdido completamente durante los últimos meses.

Sofía sonrió, extendiendo sobre la mesa una carpeta que llevaba consigo desde el inicio de aquel encuentro.

—Tengo un plan que podría beneficiarnos enormemente a ambos, Bruno —dijo, con una satisfacción calculadora que no dejaba lugar a ninguna duda sobre la seriedad de sus intenciones —Pero necesitaremos actuar con mucha cautela, y con una paciencia considerable, si queremos que Elena finalmente pague por cada humillación que sintió que nosotros le causamos.

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