Después de que el guardaespaldas se fuera, cerramos la puerta, pero yo me había quedado con aquella última palabra que había dicho Valentín. Así que, cuando nos sentamos nuevamente en el mueble, él, descaradamente, apoyó los pies con confianza y, pues, nuevamente la serie que se estaba viendo...
—¿Estás cómodo? —le pregunté con sarcasmo, y él se rió.
—No te imaginas hace cuánto tiempo de mi vida no tenía un rato para mí. Claro que tengo muchas cosas que hacer en el mercado negro, pero creo que