Escuchar mi nombre completo en su boca era extraño. No sabía qué sentir, respeto… pero tal vez él tenía razón. Como empleada del servicio, lo único que podía hacer al respecto era estudiar conversaciones o buscar documentos. Nada que pudiera comprometer realmente la organización.
—¿Entonces qué haré? —le pregunté.
Él se tomó un largo minuto en contestar mientras se terminaba el arequipe.
—¿Sabes por qué los McCarthy temen tanto a los Herederos? Porque su abuelo, el abuelo de los McCarthy, dejó