Cuando pronunció aquellas palabras, sentí un nudo en mi estómago que casi me hace caer sentada nuevamente en la silla, pero me quedé de pie, prácticamente paralizada. Mi madre no dijo absolutamente nada; era como si ya lo supiera.
— Por favor, quiero que te expliques — le dije; tenía la voz rota.
— Todo era muy simple. Isadora era prácticamente difícil de encontrar, pero yo sabía cómo encontrarte a ti. Sabía muy bien dónde estabas, tus rutas, porque te tenía muy bien investigada. Y a través