Grité porque era imposible no gritar si estaba cayendo. No, no pude contenerlo, no pude detenerme. Lancé un grito de terror cuando mi cuerpo se precipitó hacia el suelo, porque imaginé muchísimas cosas: imaginé mi cuerpo golpeándose contra el fondo del ducto, contra el metal, mis huesos rompiéndose, el olor de la sangre. Todo eso en ese preciso instante, en el momento en el que mi cuerpo fue consolido por la gravedad.
No había sido para nada una buena idea, pero no teníamos más opción, ¿no? Y e