ANDY DAVIS
Mis ojos se posaron en Bastián, quien estaba sentado en su camastro, dentro de la celda, escondido en las sombras, usando su overol de recluso y con una actitud demasiado relajada para la situación que estaba viviendo.
Mi cabeza se llenó de preguntas, pero la más constante era: ¿Por qué había aceptado venir?
Bastián era un capítulo pasado que no quería volver a leer. Tal vez me había movido la curiosidad, tal vez quería tener una oportunidad más para decirle lo desagradable que era