ANDY DAVIS
No conocía lo suficiente a Camille, pero sabía que era una mujer fuerte y arrogante. Verla tan pequeña me dejó sin aliento. No iba a presionarla por respuestas, no tenía sentido. Así que solo negué con la cabeza y tomé su mano con suavidad.
—No, Camille. No estoy enojada, estoy preocupada. —Intenté sonreír—. Ven, comamos algo. ¿No tienes hambre?
Compartimos una mirada que decía más que cualquier palabra. Era sorprendente ver el parecido que tenía con Damián. Volteé hacia Victoria que