DAMIÁN ASHFORD
—¿Qué carajos es eso? —pregunté de brazos cruzados, viendo como hombres y mujeres enmascarados bajaban de autos negros con vidrios polarizados. Todos usaban una máscara negra que parecía pesada y lucía una sonrisa de oreja a ojera, llena de dientes blancos y colmillos alargados, mientras que una sola, una mujer de cabello castaño y gabardina caqui presumía la misma máscara, pero en amarillo, como la típica carita feliz, pero con una sonrisa que parecía grotesca y amenazante.
Tod