ALEXEI MAKAROV
Dormí profundamente hasta que su ausencia me sobresaltó. El calor de su cuerpo había desaparecido y antes de abrir los ojos ya estaba buscándola, tanteando con la mano donde debería de estar su cuerpo. Me senté angustiado, con el corazón acelerado, encontrándola sentada sobre el escritorio, envuelta en una sábana, con el cabello alborotado de manera adorable.
—Era hermosa… —susurró viendo con atención la foto en sus dedos—. Entiendo porqué te enamoraste de ella.
Me levanté sin