ALEXEI MAKAROV
Me quedé sin aliento. Sus hermosos ojos azules relumbraban en la oscuridad, temerosos, pero firmes. Era como ver a un pequeño gatito intentando mostrarse feroz como una pantera, aunque en realidad terminaba viéndose adorable.
—¿Qué? —preguntó retrocediendo con una mano cubriendo sus pechos y la otra protegiendo su intimidad, una que ya deseaba desde que atravesé la puerta—. ¿Qué pasa? ¿Qué me ves?
—Te ves hermosa… —Avancé hacia ella sin poder quitarle la mirada de encima.
—¿No