ALEXEI MAKAROV
—Créeme… cuando las ves en vestido blanco, las cosas cambian mucho —dijo mi padre dándome una palmada mientras Nadia me acomodaba la corbata frente al altar.
El lugar estaba vacío, ellos eran los únicos testigos de lo que ocurriría, y el fotógrafo que habían contratado para capturar recuerdos de la mentira.
—Verás que esto no es tan malo como crees, Alexei —agregó antes de ir a decirle algo a una de las sirvientas antes de que esta entrara a la casa, de seguro para ir por ella.