RACHEL MONROY
Toda la seguridad que había agarrado al salir del hotel, durante el camino se había ido disolviendo. Cada kilómetro recorrido me hacía sentir vulnerable y poco apta para la misión. Cuando por fin el auto se estacionó frente a las puertas de la comisaría, mis manos se aferraron a mi bolso mientras veía la inmensidad del complejo.
Bajé del auto con un poco de torpeza, perdiendo todo el aliento como si hubiera corrido un maratón. Volteé hacia el chofer silencioso que se había quedado